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Imagen de Radio – Capítulo 1
Metáforas
“Cucho” Petruzzi
arrancó del bar, cuesta arriba en su rodada, yendo en contra de la
tristeza de ese tango Gardeliano y con viento a favor, pensando en
el inicio de un nuevo campeonato. Es como todo lo flamante, uno se
llena de ilusiones. Fíjese sino. Está el ejemplo de cómo cuando se
tiene la dicha de comprar un par de zapatos nuevos. La verdad es
que uno solamente piensa en su lustre, en lo brillante del empeine,
en el color, en la forma, en las ganas de taconearlos en la pista de
algún bailongo…pero nadie piensa en las ampollas típicas de los
tamangos nuevos. ¡Já!¡Vio! ¡Nadie! ¿Y en el ablande?
Bueno, entonces ahora podemos
comparar y hablar de un campeonato nuevo, lustroso, con ropa a
estrenar por los players, pilas nuevas pa´la radio del Cucho, etc.
Pero lo que al Cucho le preocupaba, más allá de la cantinela de la
inhibición, la llegada de los grandes valores del fóbal y todo eso,
era otra cuestión mucho más importante…Las palabras de Doña
Hilda…Las de aquella vez, y para siempre. Como un legado, como una
guía, un camino con verdadero corazón fanático.
La verdad es que el Cucho nunca
suelta mucha prenda de lo ocurrido en aquella conversación. Ocurre
de igual manera que cuando los jugadores salen del vestuario después
de empatar 3 a 3 un partido que –al finalizar el primer tiempo- iban
perdiendo 3 a 0. La pregunta típica del periodismo en ese caso,
después de lustrarle los oídos al protagonista con la perorata de la
heroica remontada, sería:
“¿Qué charlaron en el entretiempo
para salir en la segunda parte con una actitud diferente a la de la
primera?”… Ja- Ja- Ja….actitud diferente…
No voy a explayarme sobre el
chamuyo larguísimo con el que “el muchacho de la película” intentará
tapar la terrible cagada a pedos que el técnico le dio a los más
grandes del plantel, los más grandes a los promovidos de las
inferiores, y éstos al masajista , o al utilero, o al primer ball-boy
que se les cruzó.
Qué me vienen con esas
historias de motivación, fibra, amor propio…no, esto fue-es-y será
siempre, por los siglos de los siglos de existencia del balompié,
lisa y llanamente, una tremenda cagada a pedos. A saber que las
puteadas más bajas han rajado-rajaron-y rajarán más de un azulejo en
el vestuario debajo de la “oficial”.
Por eso, y para continuar con la
línea prosaica anterior, Cucho nunca hablaba nada desde aquél
episodio con Doña Hilda, pero mostraba algunas hilachas como para
hacerse el misterioso. Nos decía que –no hace mucho tiempo- hubo un
filósofo, contemporáneo, viejo labia de la vida, que aseguró lo
siguiente: -Ese vaso lleno de angustias sólo va a poder vaciarse
con palabras…Mierda….Qué profundo…
Claro, cuando a Cucho le pasa de
largar una frase así, en seguida empieza la siguiente ametralladora:
(la cagada a pedos de la muchachada del bar)
-
Dale Carlitos,
no me rompás, ¿qué te dijo la gorda?
-
Contá, macho,
contá!!
-
“Che déjenlo
si no quiere… a menos que tengas ganas de decirnos algo”, sugiere el
gato Pañalba, siempre con esa lengua de yarará que tiene.
Pero el Cucho, inmutable ya,
siempre infla el pecho, tira una “de salón”, empina su fernecito,
guiña el ojo izquierdo y concluye: “disculpen caballeros, en un
rato juega el calamar y es motivo suficiente como para que yo
despegue este cuerpito de la mesa. Me espera el mate y la Spica.
Si van a al cancha, griten como nunca, siempre para alentar, nunca
más para putear”.
Lo único que agregó acerca del
partido debut contra Quilmes de local fue que una vez, estando los
dos en primera, en las postrimerías de los noventas, él había visto
cómo se había armado un quilombo de novela entre las dos
hinchadas…Un patadón histórico del Negro González -un nueve que
tenía Platense por aquella época- a un defensor cervecero (de puro
calentón nomás porque el partido ya estaba cocinado), y que le
parecía que el calamar había ganado 3 a 1. Qué se yo, los recuerdos
mienten un poco. Pero fue así.
Y dice cosas como esas y se va,
así nomás…Así de fácil, en medio de los misterios. De una historia
que ya lleva más de 12 años de existencia. Llega la víspera del
partido y en vez de choripán, coca aguada, tribuna y “manises”, el
Cucho enfila pa´ la casita de los viejos, tratando de nunca volver
vencido. Lo espera la radio, la pasión en forma de palabras, la
imagen hecha de metáforas. Y Cucho se las imagina literalmente a
todas…
Conoce a las arañas que tejen en
el fondo del arco, las pelotas de labios gruesos como mulatonas que
se van besando los palos, los botines con tijeras incorporadas que
tajan las redes, todo…Hasta las ilusiones se sabe de memoria; esas
que aparecen con alas nuevas al empezar cada torneo; con ánimo de
remontar a lo más alto.
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